

— Como todas las noches, la Capitana Sarah Fortune disfrutaba de una copa mientras leía los diversos artículos de los periódicos en busca de información relevante sobre los rufianes que aún quedaban por dar caza, tesoros que se habían perdido en alguna parte del mar y sucesos que la lógica o ciencia no podían explicar pues, como guardiana de las estrellas, ese mundo lleno de espíritus y magia del que no tenía fe alguna, ahora era parte que tenía muy en consideración.
Fueron varios artículos hablando de una isla que, tras años deshabitada, había engendrado una frondosa vegetación y vida, pues sus habitantes eran nada más y nada menos que tigres propiamente dichos.
Recordó una antigua leyenda sobre un tesoro perdido que hablaba sobre el poder de una joya capaz de convertir en tigre a todo lo que la toca, pues sólo estaba destinada a que su señor la custodiase. ¿Qué ocurriría si de existir, la llegara a tocar una persona?
Curioso el caso cuanto menos pero, una isla minada de estas criaturas y que, posiblemente más de un necio ignorante trataría de adueñarse de ellos y por ende con la joya, no era algo que le agradara mucho a la idea. Eso claro, si la leyenda fuera cierta.
Entre otras cosas, ¿cuánto sería el valor de una joya así en caso de que realmente se tratara de ello? Maldición, no le daban los decimales precisamente. —
Con esto me puedo permitir unas vacaciones de esas que te limpias el culo con dinero.
— Comentó a las curiosas criaturas estelares que con ella miraban el artículo expectantes. —
No puedo acercarme allí sola...Si mis sospechas son ciertas, no tardaríamos en ser devorados tan pronto pongamos un pie en costa. Hay que buscar al "Señor Tigre" . Nos movemos, pequeños. ¡Toca aventura!
— Si algo daba vida a la pelirroja, aparte de las ardientes batallas que libraba, era una buena travesía directa a algo desconocido con opción a recompensa por ello.
Bajaría a puerto para buscar información sobre alguien que pudiera encajar con las características. Sólo esperaba que, de estar vivo, no viviera en lo alto de una montaña o aislado del mundo en plena naturaleza. —
Veamos si la fortuna nos sonríe hoy.
— Sonrió seguida por sus inseparables compañeros los cuales revoloteaban igual de emocionados por aquella nueva odisea que se les planteaba —