



James Harlock es un hombre conocido en la galaxia por la letalidad de sus acciones. Era de aquellos quienes era mejor tener en buenas antes que a malas o lo pagabas caro. Aun así, el Capitán se dedicaba a cazar recompensas en el espacio. Sí, tal y como suena, este picaresco y carismático señor, era Capitán de su propio Navío, sólo que en su caso, surcaba estrellas en lugar de mares de espuma y sal.
Su nave tenía la particularidad de poder saltar entre dimensiones. De ahí que fuera capaz de estar saltando entre mundos con aparente facilidad.
¿Sus aficiones? Su fama y labia lo habían llevado a conquistar algo más que el espacio pues no había mujer que se resistiera a sus encantos. Una en cada puerto para ser exactos. Además de las apuestas y el juego, gustaba también de la lectura acerca de lo que conformaba su "mundo" y lo que lo había llevado hasta allí, pues sus ojos estaban puestos en las estrellas desde que tenía uso de razón. Los secretos que estas encierran, el camino que le marcaban siempre lo habían llevado hasta lugares que, aun teniendo imágenes de ello, nadie podría creer que existían.
Sólo había algo que aún no conseguía resolver, “Las Guardianas de las Estrellas”. Siempre fue creyente que esos “Seres mágicos” acabarían por aparecer ante él si a su modo, ayudaba a mantener la paz en la galaxia. Las veía como quien dice una Valkyr en el Valhalla, pero apenas habían ruinas hablando de su origen y cometido.
Llevaba meses de lo más aburrido pues los avisos que le llegaban eran minucias que podían resolverlas entre ellos mismos. No…necesitaba un reto de verdad.
Un buen día, mientras revisaba los últimos reportes en su nave, le llegó el aviso de que una estrella había caído en el cuadrante 307, en un lugar conocido como Runaterra- Valoran. Un planeta rebosante de tantos torrentes de energía diferentes que se manifestaban en los mismos habitantes del mismo de diferentes formas.
Las estrellas a veces mueren, pierden el brillo, se apagan y si caen no son más que polvo que desaparece antes de llegar al piso. Pero en este caso, le advirtieron de una particularidad. Esa estrella se veía brillar intensamente durante las noches hasta más bien hace poco que, a pesar de ser visible, su brillo se había atenuado considerablemente.
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“Parece que finalmente algo capta mi interés. ¡Preparad las máquinas! ¡Nos largamos!”
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Una ladina sonrisa se había dibujado en los labios del truhan fijando la mirada en la ruta que trazarían hasta llegar allí. ¿Quién o qué sería? Sólo esperaba que fuera cual fuese el caso, matara nada más que su aburrimiento ya que, a esas alturas, lo que menos esperaba es que se fuera a tratar de lo que tanto tiempo anheló encontrar.
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"Un mundo conectado directamente con la energía que da vida a la mismísima magia, a otros mundos, a otra forma de existencia y varias alternativas de realidad. Esto no me lo pierdo..."

