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Venid, aventureros. Acercaos a esta historia escuchar, pues de ahora en adelante vuestra noche va a cambiar.

Cuentan los marinos sobre una vieja leyenda, más temida que las tormentas, peor que las sirenas.

Una mujer valiente con coraje y pasión, hace temblar al imponente y cantar al cañón.

¡Ah marinos, cuán sabios eran!

¡Cuánta verdad había en que mujer en el mar, es igual a condena!

En la noche oscura, no te atrevas a navegar, pues querido aventurero, estás sellando tu final.

Dicen que es hermosa y que es imposible no mirar, el sangriento carmesí de sus cabellos como de su beso letal.

Alada más no un ángel, deseada más no un tesoro, si topas con su esmeraldada mirada, tu voluntad quedará perdida y quebrada.

Despídete de tu tesoro, pues tu vida tiene un precio. Si sin blanca es tu estado, será mejor que empieces el ruego.

“Ese ser es el mayor de los placeres y el mayor de los castigos. Si no tienes dinero, el precio son tus gritos. Adora la sangre más no es vampiro. Anhela a aquellos valientes que pretenden su olvido. ¡Esos necios son sus favoritos! Aguarda a que a la mar se acerquen para simplemente seducirlos. Sientes como la piel se desgarra, ves hasta tu alma salir del cuerpo, pero al llegar la mañana, no queda ni el olor a muerto. “

Testigo de un pobre desgraciado que bajo sus garras encontró su suerte.

No hay un rostro, se desconoce su identidad, pues a este ente le gusta cambiar.

¿Cómo iba sino a imaginar, La Dama Fortuna, que su suerte iba a cambiar?

<< Cambio de Forma>>

━ La Capitana llevaba tanto tiempo en alta mar, que simplemente no se había percatado siquiera del día que corría. Como cada noche, se sirvió un vaso de Whisky con algunas piedras de hielo y salió a cubierta a despejar la cabeza.

Se había pasado el día organizando los nuevos carteles, contabilizando las nuevas recompensas y trazando rutas que no la hicieran perder tanto tiempo.

Su tripulación descansaba tras una noche de celebración, buena comida y grandes cantidades de alcohol en una de las tabernas del puerto. Si con eso les bastaba, era más que buen pago.

Se acercó a la proa del barco apoyándose en la barandilla, fijando la mirada en el vaso. Un destello rojizo le pareció ver en el mismo.

Extrañada, alzó la vista hacia el manto de la noche tratando de localizar el origen del mismo. ¿Alguna estrella fugaz tal vez? No, imposible, no se habría reflejado de ese modo y mucho menos con ese color. ¿Qué había sido eso?

Escuchó cómo el agua parecía agitarse tras ella y volteó a comprobar de qué se trataba. Sólo vio el reflejo de la Luna, ¿junto al barco? ¿Qué hora era?

La blanca Luna regentaba sobre su cabeza. Su propia sombra comenzó a estirarse sin que se percatara de ello, en el agua, la forma de su cuerpo invadía el reflejo lunar. ¿Cómo era posible? Algo no iba bien, pero por alguna razón, ya no podía apartar la mirada.

El tono puro del Rey de la noche comenzó a emitir un fulgor cada vez más rojizo hasta acabar siéndolo del todo. Una carcajada siniestra acarició sus oídos y directamente a estos, llegó un cantar━

“Buenas noches, Dama Fortuna, no debes temer, no te debes preocupar, a partir de esta noche nuestra fiesta va a comenzar.”

━ Inmóvil, pudo ver en el agua como su sombra comenzaba a cambiar. Su consciencia se dormía, el cristal se quebró al caer, su boca comenzaba a tener sed de algo más. La lengua se deslizó por los labios acariciando unos pronunciados colmillos que parecían haber decidido apuntarse a lo que estaba por comenzar. Para cuando su transformación acabó, Sarah, ya  no tenía su voluntad. La Dama Fortuna había pasado a ser la criatura a la que tantos navegantes temían topar ━

Súcubo

La Maldición del Mar

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